Este documento se articula en torno a dos convicciones fundamentales: el compromiso con la democracia cultural y la confianza en la potencia de la cultura como herramienta para enfrentar algunos de los desafíos más apremiantes.
Bajo la lógica de que garantizar los derechos culturales significa asegurar que todas las personas puedan expresar, construir, transformar y celebrar aquellos que los hacer ser quienes son. «Y cuando esto ocurre, la sociedad en la que vivimos se
vuelve más habitable, más rica y más capaz de dar respuestas eficaces a los desafíos que tiene por delante».
Entendemos que la cultura, cuando se compromete con la invitación que es propia de los derechos culturales, desborda cualquier confín, es un lugar privilegiado para imaginar el futuro. Y para pensar en modos creativos e inclusivos de responder a estos retos (Prefacio, Ministerio de Cultura, 2025).